Atrio.org XXVI. Congreso de teología

Publicado en por Miguel González

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Corría el año de gracia de 1981. Vientos de cambio en el horizonte. Se celebra el segundo congreso llamado “Teología y pobreza” organizado por la Asociación de teólogos Juan XXIII (hoy llamada de teólogos y teólogas para hacer el ridículo por la gracia de Dios) que por aquel entonces estaba muy activa y ahora son cuatro gatos y alguna gata. Viví aquel congreso con entusiasmo; hoy mi lectura es otra: todos cometemos errores.

 

Acudí al evento bajo el espejismo de haber dado con la crème de la crème del cristianismo que por aquel entonces se tuteaba con el mismo Jesús de Nazaret que, a la sazón, estaba a punto de romper con el Vaticano y pasar los trastos a los cristianos "de base". De haber sido así ahora el de Nazaret andaría buscando Iglesia porque se la habrían desmantelado unos pirómanos.

 

José Ignacio González Faus presente en el Congreso, participó con una ponencia y en un punto cumbre de su intervención y frente a una concurrencia encantada de haberse conocido,  va y suelta lo siguiente: “tendremos que plantearnos si no hemos tomado el asunto del sexo muy a la ligera”. La frase no es textual pero el espíritu sí es tal que así. Los rostros de los concurrentes quedaron demudados. Una monjita en vaqueros desplazaba por el pasillo su rebeldía junto a su moderno trasero, para regocijo de curas en rápido proceso de relativización.


Hace casi 30 años de aquello. A partir de la frase de González Faus se podría escribir toda una tesis que yo nunca pasaré a limpio. Lo cierto es que las malas compañías les han conducido al relativismo extremo de aceptar, sin un ápice de remordimiento, barbaridades como el aborto y asimilar tal monstruosidad a supuestos derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. Y eso que el tal José Ignacio les advirtió del errático camino que emprendían.

 

Y de ahí al orgullo “guay”. Dios los cría y ellos se juntan.

 

Miguel González

 

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Mercedes 06/29/2010 16:12



Me gusta especialmente esta entrada. Conozco a gente así. La Iglesia es como un pueblo y aunque ellos crean que pasan desapercibidos la verdad es que se les ve todo. Lo más evidente es que estos
individuos son fieles a sus creencias, es decir, a la izquierda y sus amigos. Estos con perfectos y no cometen errores. 


 


Saludos.