Atrio XXXIX. A vueltas con el orgullo

Publicado en por Miguel González

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Hablaré del orgullo “guay” ahora que en Atrio.org, fieles a la "movida" anual,  le dedican un especial al asunto y saldrán a relucir, no puede ser de otro modo, los tópicos manidos que manejan respecto al tema de la homosexualidad, según el argumentario de campaña.

 

Según los teólogos “avanzados” (van tan flechados en su avance que se han pasado siete calles), la Iglesia está desfasada porque,  en asuntos tan peliagudos como la homosexualidad, mantiene una postura razonable en contraposición a los representantes de la progresía andante se empeñan en que hay que considerarla como algo “normal” en paridad con “otras formas de vivir la sexualidad”. Y uno que es más serio que eso y no se dedica a la intoxicación ni a la mendacidad, pues no se deja impresionar por quienes confunden (consciente o inconscientemente) dos ámbitos o planos del debate bien diferenciados a saber, el de los derechos y el de la biología, por llamarlos de alguna manera que nos permita expresar la realidad sin contaminaciones y delimitar el asunto convenientemente.

 

Y es que derechos los tenemos todos, al margen de filias, fobias, desatinos, aciertos, maneras de pensar, etc. Es decir: no puede uno apoyarse en un ámbito del debate para menospreciar, ningunear, discriminar a ninguna persona, sea homosexual o mediopensionista. Eso no es correcto. Pero una cosa es reconocer que toda persona merece respeto, aprecio, derechos, etc.,  y otra diferente asumir que en el ámbito de la biología y del sentido común todo es lo mismo. La conquista de los derechos no lleva aparejada la patada al diccionario ni al sentido común a la que tan acostumbrados nos tienen los cuentacuentos.

 

Es un error de bulto confundir los planos del debate: una cosa es el hecho de la homosexualidad con sus implicaciones biológicas, psicológicas, etc.,  y otra distinta el campo de los derechos y el respeto debido a todo el mundo.  Por poner un ejemplo y para no herir sensibilidades, una cosa es que un cojo merezca todo el respeto y se le garanticen sus derechos y, por ejemplo,  nadie haga burla de su cojera y otra, que, rozando el esperpento,  se pretenda contratar al cojo como instructor de baile de salón. Una cosa es que la sociedad tiene que ser respetuosa con las prácticas de los demás y otra que esas mismas prácticas tengan que ser puestas como ejemplo a seguir. Por el hilo se llega al ovillo.

 

Es complicado hablar de la homosexualidad en un mundo donde la propaganda progre hace estragos, porque los implicados no quieren deslindar el tema ya sea porque se sienten inseguros o porque en el batiburrillo pretenden imponer sus ideas que ya sabemos que van en racimo como las cerezas, ante una sociedad rendida.

 

Porque lo cierto es que la sociedad entera se desentiende de este (y de otros) asuntos como si no fueran con ella: ¿a mi qué más me da? Como si quieren acostarse con una cabra… dicen muchos. Y en realidad es así: es su vida. ¿Hacen daño a alguien?,  añade el otro. Esbozan una sonrisita típica (perfectamente reconocible a la legua)  y se dedican a sus cosas.

 

Y los científicos, que son quienes tendrían que hablar en este asunto, también se desentienden porque no quieren poner en peligro su carrera al deslizarse por terreno pantanoso. ¿Qué más da? dicen, como si el hecho de llamar a las cosas por su nombre fuera una cuestión menor.

 

Esa es la realidad del tema de marras. Los defensores pretenden liquidar el asunto de un plumazo y para ello tienen los prejuicios, la estigmatización y la descalificación gratuita de todo el que se atreva a manifestar una opinión fundamentada que no encaje en el discurso dominante y lo tacharán de inmediato de homofobia. Confunden los planos. ¿O es que no se trata de garantizar unos derechos sino de participar de la disolución de los valores emprendida por las ideologías de izquierdas?  Respeto, a todo el mundo, pero la sexualidad está perfectamente identificada en la naturaleza y no admite tonterías. Mañana más.

 

Miguel González

 

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Miguel González 07/15/2010 13:20



Antonio Vicedo,en tiempos le respeté pero ahora ya ni se respeta a si mismo ha caído muy bajo y por lo tanto no es merecedor de respeto. Repite el tópico del "vive y deja vivir" para referirse a
la homosexualidad. De tanto relativizar se han quedado ciegos, estos saltimbanquis. Pobre hombre, decrépito y en las últimas ha perdido todo norte. No en vano está en atrio.org que es un
cementerio de elefantes.