Dale perico al torno. Atrio XXV

Publicado en por Miguel González

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Continúan hoy desbarrando en la guarida de los indeseables sobre si la jerarquía de la Iglesia debe expulsarlos o no.  Que si el hijo pródigo, que si eso de la obediencia es cosa trasnochada, que si mejor esperar al díscolo con los brazos abiertos.

 

Pero es que estos no son díscolos sino cómplices; no son aventureros juveniles sino ancianos de colmillos retorcidos. Y, claro, como cómplices, prefieren el desmadre que permite que unos indigentes intelectuales mareen impunemente al común de los devotos. Y como ancianos no están ya para obedecer sino para jugar a las frasecitas, los dobles sentidos, las ocurrencias y el birlibirloque. No tienen claro casi nada, excepto que hacer daño a la Iglesia es su consigna.

 

A mi también me pesó en su día, pero lo que es, no puede ser de otra manera: la Iglesia es una organización y los encargados de velar por la marcha de esa organización son los dirigentes. Simple como mecanismo de botijo. Y de poner normas, claro, aunque de natural “ligeritos” prefiramos cada uno ir a su bola. Y también de, en su caso, separar a tirios de troyanos para no perder el tiempo y no marear la perdiz.

 

Los “listillos” se han pasado ya siete calles. De la teología de la liberación a la teología de la obstrucción.

 

Miguel González

 

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Mercedes 06/29/2010 16:09



Miguel, tienen cuento para todo. Unos se envuelven en la bandera y estos en citas evangélicas pero vergüenza, poca.


 


Saludos.