La sal de la tierra. Atrio XI

Publicado en por Miguel González

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Los atrieros de tradición eclesial (curas, teólogos) se llenan la boca con cuatro pasajes de las escrituras que repiten sin descanso. Como el que se refiere a la metáfora que habla de la sal de la tierra.  “Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará?”, repiten con cara de estreñimiento. Frases de impacto para atrapar la atención de incautos porque creen que una frase lo mismo vale para un roto que para un descosido.

 

Pues eso, que con andanadas anticristianas como las que perpetran todos los días estos cristianos que se llaman a sí mismos “avanzados” ya pisotean ellos lo suficiente la sal de la tierra. Por ejemplo cuando apoyan la monstruosidad de la eliminación de inocentes en el vientre de sus madres por mero capricho. Les disgusta hablar de este tema y siempre que pueden desvían la atención porque es donde queda expresada más nítidamente su propia contradicción. Eso y no otra cosa es el aborto libre que unos apoyan sin complejos y otros dicen rechazar de entrada para un minuto después apoyar con espurias justificaciones injustificables. Pero estos cuentacuentos de la superioridad moral lo consideran un derecho de la mujer, en el pelotoe que practican y que consiste en: yo te hago la rosca y tú me das el voto, al que se prestan como tontos útiles y cristianos inútiles. Sal sosa y resosa. ¿Qué diría Jesús al respecto del asesinato de niños? Pues no es complicado adivinarlo, pero a favor de la vida siempre.

 

¿Qué hacen estos ángeles del infierno para solventar el oxímoron? Pues con absoluta falta de respeto a su propia racionalidad, ponen en el mismo plano a terroristas y nasciturus: si otros apoyan la eliminación de terroristas, dicen con cara de bobos ¿por qué no vamos nosotros a apoyar la matanza de niños inocentes? (que además no votan) Eso y no otra cosa afirman cuando ponen ambos casos en el mismo plano como si no existiera el derecho a la legítima defensa y la sociedad debiera quedar inerme ante los terroristas y demás parásitos sociales de quienes se muestran cómplices con sus birlibirloques y su querer resolver en un plisplas todo el entramado social urdido a lo largo de los siglos. Se desviven por defender a asesinos en serie de niños y ancianos como parte del pedigrí progre pero que en la práctica no es más que una estrategia puramente electoral y luego ponen pegas para la defensa ante el terror a la que comparan con la eliminación de inocentes por el procedimiento feminista de amparar unos supuestos derechos, a los cuales se refieren con el pomposo circunloquio "derechos sexuales y reproductivos de las mujeres". Mendacidad y sal sosa que obedece a estrategias de partidos totalitarios. A veces sí es lo que parece: algunos están más cerca de los delincuentes y asesinos que de las víctimas inocentes.

 

Con sólo este ejemplo queda descalificada la superioridad moral de toda esta partida de cuentacuentos. Pero hay más.

 

Miguel González

 

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